Si nunca has ido a fisioterapia o hace mucho tiempo que no vas, es completamente normal llegar a la primera sesión sin saber muy bien qué te vas a encontrar. A continuación te cuento con detalle cómo es una primera sesión en mi consulta: no es solo una valoración, porque ese mismo día ya empezamos con el tratamiento. Así vienes tranquilo y le sacas el máximo partido desde el minuto uno.
Antes de llegar: qué preparar
No necesitas hacer nada especial, pero hay tres cosas que marcan diferencia:
- Ropa cómoda. Que permita acceder a la zona que te molesta. Si vienes por dolor de rodilla, un pantalón corto o unos leggings funcionan bien. Si es dolor cervical o dorsal, una camiseta de tirantes o algo que puedas soltar fácilmente. Si no es posible, no te preocupes: tenemos ropa clínica desechable.
- Informes y pruebas previas. Si has pasado por el médico y tienes radiografías, resonancias, informes de alta hospitalaria o cualquier prueba de imagen, tráelos. No para «diagnosticarte» por la imagen (eso es trabajo del médico), sino para tener contexto completo: qué se ha visto, qué ha dicho el médico, qué tratamiento se ha propuesto hasta ahora.
- Una lista mental de lo que te pasa. No hace falta que la escribas, pero piensa un minuto antes de venir: cuándo empezó el dolor, qué lo mejora, qué lo empeora, qué actividades has tenido que dejar, qué has probado ya. Esta información vale oro.
Al llegar: entrevista clínica
Lo primero que hacemos no es tocar nada. Nos sentamos y hablamos. La entrevista clínica es, probablemente, el momento más importante de la sesión. En base a lo que me cuentes y a cómo me lo cuentes, voy a formar las primeras hipótesis sobre lo que puede estar pasando.
Las preguntas típicas son:
- ¿Cuándo apareció el dolor y cómo fue?
- ¿Hubo algún golpe, caída o gesto concreto que lo desencadenó?
- ¿Cómo es el dolor: punzante, sordo, eléctrico, difuso?
- ¿Qué lo mejora y qué lo empeora?
- ¿Cómo afecta a tu día a día, al trabajo, al deporte, al sueño?
- ¿Qué tratamientos has probado antes y cómo te fue con ellos?
Hay otras preguntas, aparentemente menos relacionadas, que también pueden salir: medicación habitual, antecedentes médicos relevantes, nivel de actividad habitual, estrés, calidad del sueño. No son por curiosear: el dolor y la recuperación están influidos por muchísimos factores que no son solo «qué músculo falla».
La historia que me cuentas durante la entrevista pesa más que cualquier prueba manual que haga después. Lo que haga en la camilla es solo para confirmar o descartar hipótesis que tú me has dado antes.
Exploración física
Después de la entrevista pasamos a la exploración. Aquí vas a notar que no me centro solo en la zona que te duele. Si vienes por dolor en el hombro, voy a mirar también cervical, dorsal, escápula y a veces hasta la cadera o el pie. Las zonas que fallan muchas veces están lejos de donde duele, y las zonas que duelen muchas veces están pagando por tensiones de otras partes del cuerpo.
La exploración incluye, según el caso:
- Observación. Cómo te mueves, cómo caminas, tu postura en reposo. Mucha información sin tocar nada.
- Movilidad activa y pasiva. Qué rangos tienes libres, cuáles están limitados, dónde aparece dolor en el movimiento.
- Palpación. Para localizar puntos sensibles, zonas con tono alterado, posibles contracturas o inflamaciones.
- Pruebas específicas. Tests ortopédicos y neurológicos cuando aportan información para el diagnóstico fisioterápico.
- Evaluación funcional. Si vienes por algo que te limita en una tarea concreta (correr, subir escaleras, cargar peso), vemos cómo haces esa tarea.
Explicación de hipótesis y plan
Después de la exploración me paro. Te explico qué he visto, cuál es mi hipótesis sobre lo que te pasa y por qué. Si hay señales que requieren consulta médica previa, lo digo claramente. Si tengo dudas razonables entre dos hipótesis, también.
A continuación te propongo un plan de tratamiento:
- Objetivos funcionales concretos (no «estar mejor», sino cosas medibles).
- Número orientativo de sesiones (nunca un número cerrado de antemano).
- Qué vamos a trabajar en consulta y qué fuera de ella.
- Qué podemos empezar a cambiar hoy mismo.
Primer tratamiento, ese mismo día
La primera sesión no se queda en la valoración: siempre empezamos a tratar. Según el caso, puede incluir terapia manual (movilizaciones, liberación miofascial, puntos gatillo), los primeros ejercicios terapéuticos que vas a hacer en casa o educación específica sobre tu problema.
No esperes salir «curado» de la primera sesión. Lo que sí puedes esperar es salir con información útil: entender mejor qué te pasa, tener claro el camino, llevarte un par de cosas concretas que puedes empezar a hacer hoy mismo.
Pautas para casa
Antes de irte te llevas una pauta inicial. Puede ser un par de ejercicios, un cambio postural concreto, una recomendación sobre reposo activo o aplicación de calor/frío. Pocas cosas, bien explicadas, para que puedas hacerlas con criterio.
Si en algún momento entre sesiones tienes una duda razonable sobre un ejercicio o una sensación nueva, puedes escribirme por WhatsApp. No resuelvo consultas clínicas complejas por mensaje —para eso están las sesiones—, pero sí respondo lo que necesites para seguir avanzando con tranquilidad.
Después de la primera sesión
Es normal que durante las 24—48 horas siguientes tengas algo de sensibilidad en la zona tratada, especialmente si hemos trabajado con técnicas manuales profundas o punción seca. Es parecido a unas agujetas y pasa solo.
En las sesiones siguientes reevaluamos: qué ha cambiado desde la última vez, qué pautas has podido mantener, qué ha funcionado y qué no. El plan se ajusta sesión a sesión, no se cumple a ciegas.
¿Cuánto dura todo esto?
La primera sesión completa dura 60 minutos: entrevista, exploración, explicación del plan y tratamiento inicial. Las siguientes, entre 45 y 60 minutos según el tipo de tratamiento. No encajo pacientes uno encima de otro, así que el tiempo es real: si tu sesión empieza a las 11:00, termina a las 12:00.
Preguntas que no te atreves a hacer
Por último, un comentario que suelo hacer a pacientes primerizos: si tienes una duda, por tonta que te parezca, pregúntala. «¿Puedo entrenar?», «¿Puedo ir a la playa?», «¿Esto es normal?», «¿Cuánto me queda?». No hay preguntas tontas. Hay información que me ayuda a afinar el tratamiento y dudas tuyas que es mejor resolver ahora que acumular hasta la siguiente visita.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una valoración presencial. Si quieres que veamos tu caso, puedes escribirme por WhatsApp o llamar al +34 628 01 45 05. Respondo yo misma.